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Los accidentes de tráfico representaron un 10% de los accidentes laborales con baja registrados en 2011 en España. Cerca de un 70% de estos accidentes se produjeron in itinere (al ir o volver al trabajo desde casa).
Dentro de su campaña “La seguridad en el trabajo comienza al salir de casa”, la DGT ofrece cuatro consejos básicos para reducir el riesgo de accidentalidad en los trayectos del domicilio al lugar de trabajo y viceversa.
Los estudios sobre la accidentalidad de motocicletas y ciclomotores realizados por el RACC en Barcelona y Madrid permiten establecer las infracciones y comportamientos de riesgo más habituales entre los motoristas en el entorno urbano.
A pesar de que en España, en muy poco tiempo, se han observado avances muy significativos respecto a la concienciación en términos de seguridad vial, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), las distracciones son el primer factor concurrente de accidentalidad en nuestro país. En 2006 la distracción fue un factor concurrente en un tercio de los accidentes en España, por lo que cabe estimar que en ese año alrededor de 1.100 personas fallecieron en accidentes de tráfico asociados a algún tipo de factor distractor.
Conducir un vehículo requiere percibir continuamente la situación cambiante del tráfico, evaluarla, decidir las acciones más adecuadas en cada caso y estar en buenas condiciones psicofísicas para ejecutarlas. Aunque al principio resulta complicado, con el paso del tiempo conducir se percibe como algo tan rutinario que nos sentimos capaces de simultanearlo con otras actividades. Sintonizar la radio, utilizar el móvil o el GPS, conversar con los acompañantes, vigilar a los niños… son tareas peligrosas al volante porque nos distraen de la tarea principal: conducir de manera segura.
Todavía confiamos demasiado en nuestra pericia como conductores y, demasiado a menudo, olvidamos que manejar un vehículo es una tarea compleja que requiere toda nuestra atención. Sumamos el sobado y falso “yo controlo” con el “puedo conducir y hablar por el móvil sin problemas”, y ahí es donde nos equivocamos.
En términos de seguridad vial, el problema no son los navegadores GPS sino su incorrecta utilización. Fueron concebidos para ayudar y guiar al conductor respecto a la ruta a seguir; para que no se conviertan en un peligro, hay que saber cómo usarlos con seguridad. De hecho, a medida que se ha generalizado su uso se ha incrementado la preocupación respecto al posible efecto distractor que pueden ocasionar, sobre todo si el conductor programa o manipula su GPS una vez iniciado el trayecto.
“A 300 metros, tome la salida”. Tenemos más que interiorizada la voz enlatada de nuestro GPS; las flechas en la pantalla; las advertencias sonoras. Muchos ya no sabríamos viajar en coche sin él. El navegador se ha convertido en un aliado, sofisticado e indispensable, que nos lleva a donde queremos ir. Aunque en ocasiones también pueda convertirse en un arma de doble filo: sobre todo si lo usamos irresponsablemente con el vehículo en marcha.
Es un hecho: el teléfono móvil viaja con nosotros en el coche; y en la inmensa mayoría de los casos, lo hace encendido. En cifras: nueve de cada diez conductores españoles llevan consigo un teléfono móvil mientras conduce y ocho de cada diez lo tienen encendido.
La fatiga al volante es uno de los principales riesgos en la carretera relacionados con el comportamiento del conductor. Según diversos estudios, la fatiga está presente en cerca de un 20% de los accidentes, aunque afecta en un porcentaje mayor a determinados grupos de riesgo.















